Niebla

Y justo cuando la espesa niebla empieza a agobiarte y no te deja ver más allá de tus preocupaciones, se levanta, abre el día y sale el sol. Empiezas a respirar mejor y todo se ve más claro. No desaparecen los problemas, pero se empiezan a afrontar mejor.

Si al comenzar a coger carrerilla para intentar volar de nuevo, la vida te corta las alas, no te preocupes, las alas vuelven a crecer. Pronto. Tú aguanta, sonríe y dedícate mientras a disfrutar y a agradecer todo lo que sigues teniendo.

Bendita rutina. Bendito no parar ni un segundo. Bendito trabajo. Bendito cada segundo sin dolor. Bendito sol. Bendito frío. Bendita cada cosa que no valoramos hasta que la vida decide por tí y te deja sin voz ni voto.

Deberíamos tener una alarma en los móviles, cada hora, que dijera: “Aprovecha cada minuto de la vida. Es un regalo. Es un milagro.”

Enfermería

Llevo más de media vida siendo enfermera. Así que, gana esta vida, ya no sé ser otra cosa.

Hace un tiempo fui a clase de mis hijos a hablar de mi profesión. Lo primero que dije al llegar es que esto más que una profesión es una forma de vida. Una persona no es enfermera solo lo que dura su turno; una enfermera lo es las veinticuatro horas del día, dentro y fuera de su centro de trabajo, en su casa, en la calle, comprando, viajando.

Es una aptitud pero sobre todo una actitud.

Se requieren cualidades específicas. Creo que no se puede ser buena enfermera si no se es buena persona.
Todos los trabajos son importantes pero algunas profesiones son especiales, ya que requieren no solo los conocimientos teóricos y prácticos, sino ciertos principios y valores que no se aprenden en la universidad.

La enfermería es un acto de ayudar al prójimo. Es llegar al trabajo y tener claro que tu objetivo es el bienestar del paciente. No solo se trata de llegar y sacar analíticas, poner sondas, coger vías, realizar curas, poner medicación, no. Se trata de ayudar, atender a personas que en ese momento de su vida, por el motivo que sea (intervención quirúrgica, enfermedad…) tienen alterada su capacidad de autocuidado.

Hay momentos en los que nuestra función es simplemente acompañar, escuchar, coger de la mano a alguien que esté solo, asustado, con dolor y rodeado de gente extraña.

Llegas, te pones tu uniforme, coges tu coletero, tu bolígrafo, tu rotulador permanente y tus tijeras, pero también tienes que coger tu corazón con las dos manos antes de cerrar la taquilla.

Hay una frase que me encanta: “Una sonrisa es parte del tratamiento de tu paciente”.

La enfermería requiere de paciencia, humanidad, esfuerzo, bondad, responsabilidad… pero ante todo respeto y empatía. Sin empatía no podríamos ser buenos enfermeros pero ojo, no se puede empatizar ni involucrarse en exceso porque si no, no vives, solo sufres.

Cada día cuando recibo a un paciente en la puerta de quirófano pienso… Si es un señor mayor: ¿cómo me gustaría que tratasen a mi padre? Si es una mujer, a mi madre y si es un niño: ¿cómo me gustaría que tratasen a mis hijos? Pues así es como tengo que tratar.

Esa persona que se pone en tus manos es hija, madre, hermana… Tiene una vida, como tú. Es lo más importante para alguien, como tú. Cuida de alguien, como tú.

Es muy bonito pero duro. Te codeas cada día con el dolor y ves de reojo, merodeando, a la muerte; unas veces a lo lejos, otras a una distancia que te eriza la piel y otras tan cerca que te paraliza.

La enfermería es realidad y es vida, y ya sabemos todos cómo es la vida.

Resumen

Sé que tenéis que hacer vosotros el trabajo. Sé que tenéis que subrayar, hacer vuestros esquemas a sucio, vuestros tachones…

Sé que tenéis que estudiar vosotros. Ver lo que peor se os da y repasar.

Sé que borraréis y empezaréis de nuevo más de una vez. Sé que al final os tocará pasar todo a limpio, como a mí.

Sé que tenéis que tropezar, caer y levantaros mil veces, como yo.

Sé que os tocará sufrir hasta memorizar lo importante.

Sé que tenéis que equivocaros para aprender.

Sé que no puedo vivir por vosotros pero dejadme que os pase el resumen que tantos años me ha costado hacer. Por lo menos, las ideas principales. Ésta es la única chuleta que os obligo a llevar siempre en un bolsillo. Por mí, como si os la queréis tatuar.

-Vivid cada día como lo que es, un regalo, un milagro. Pintáos una sonrisa cada mañana y ofreced al mundo lo mejor de vosotros. No todos lo sabrán valorar, no todos lo merecerán, pero vosotros sí. Os merecéis vivir felices y eso, lo decidís vosotros, no el entorno ni la gente.

-No sufráis antes de tiempo, no adelantéis acontecimientos. La realidad casi siempre mejora lo imaginado. Lo que tenga que ser, será, y todo, todo, tiene solución.

-Agradeced todo lo bueno que tenéis cada noche antes de cerrar los ojos y cada mañana antes de poneros de pie.

-Id siempre con la verdad por delante y la justicia de la mano. Aclarad los malentendidos lo antes posible, pasad de enfados. No merece la pena estar mal.

-Reíros cada vez que podáis. Cantad, bailad, viajad, comed sano y haced el deporte que más os guste.

-Asertividad. Resiliencia. Valentía. Empatía. Humildad. Lealtad. Sencillez. Honestidad.

Bomba

Tengo el cuerpo como si anoche me hubiera bebido dos botellas de Pajarete de un trago sin cenar. Este es el colofón de unas Navidades en las que he mentido como un bellaco, he hecho malabares escondiendo (este año más que ninguno porque la pobre es pequeña pero no tanto, inocente pero no sorda y está ilusionada pero no es ciega); creo que me convalida cuarto de Ninja, menos mal.

Anoche Paula se relajó a la una y media. Antonio tuvo la feliz idea de darle a Nana una chuche dura como una piedra y estuvo media hora jugando con ella y otra media ronchando. Retumbaba en toda la casa. Vinieron los tres. “¿Qué suena?” “¿Qué es ese ruido?” “Voy a bajar descalza a ver si los pillo y me hago un selfie con ellos”. Por fín, silencio.

“Duérmete tranquila, yo me quedo leyendo”, me dijo, y yo le creí (me debió pillar bajo los efectos del roscón). Eso a mí me pilla en plenas facultades y sé que no va a pasar…

Nos metimos en la cama a esperar leyendo y yo, que me acababa de tomar un cuarto de roscón de postre, empecé con escalofríos y me metí con la bata polar más gorda que tengo, arropada hasta las orejas con el nórdico y abrazada a él. Cuando estaba al borde de la muerte, a las tres, me desperté, como si tuviera 40 de fiebre. Efectivamente, él estaba frito. Si no llega a ser por mi asfixia, amanece hoy el sofá vacío. Me levanté, quería morir (vomitar primero y morir después). Bajé los dos pisos descalza, con los ojos casi cerrados, agarrada a la barandilla y aguantándome la tos. Como si fuera a desactivar una bomba. A Nana le pareció maravillosa mi visita a esas horas y se puso como loca a sacudirse, a subirse… Y yo hablándole con lenguaje de signos. Antonio se quedó en la escalera, de guardián, no sé seguro si despierto o dormido.

Trabajo terminado. Me subí mientras que él terminaba su parte (o sea, la mía), infló globos porque yo soy alérgica y se bebió la leche porque yo soy intolerante. Gracias a Dios solo teníamos una zanahoria pocha y no se la puso a los camellos, si no, nos habíamos liado a ronchar.

Y claro, yo a las tres y media o las cuatro de la madrugada lo mejor que sé hacer es desvelarme y eso hice. A las cinco seguía dando vueltas, acordándome del roscón y del panorama del país. A las ocho y media, cuando mejor estaba, ha llegado la alegría dando voces en mi oreja. “Arriba, arriba, han venido los Reyes”. “Acuéstate hija, aquí no ha venido nadie todavía”. “Que te has creído tú que me voy a acostar”.

Todo merece la pena al verles las caras, incluso la resaca.

Reyes

Queridos Reyes Magos:

No penséis que dejé de escribiros porque dejara de creer en vosotros; eso nunca va a pasar. Solo dejé de escribiros cuando entendí que lo único que quería, no me lo podríais traer.

Este año me he abierto en canal, he enseñado mis luces y mis sombras, así que, con vosotros debo ser sincera también.

Melchor, deja todo como está, por favor, no toques nada. Me gusta así. Intenta parar el tiempo todo lo que puedas. Haz que dure la inocencia en esta casa, la música, el baile, las risas, las manos pequeñas, el desorden, el ruido, los abrazos de todas las tallas, los dedos en las puertas, las preguntas…

Gaspar, te suplico que no pongas nunca más a nadie que esté en mi corazón, en la cama de un quirófano. Ya van muchos y duele cada vez más. No puedo pedirte que no se hagan mayores, pero sí que vivan sin dolor y con alegría.

Baltasar, no me importa haberme quedado con alguna que otra hormona a cero, con menos pelo y con más ojeras. No pasa nada. A cambio, por favor, que no haya nadie pasando frío, hambre o miedo en ninguna calle, en ningún portal, en ninguna casa. Que nadie haga daño a nadie nunca más.

Y esto para los tres: que el “primer mundo” y el segundo dejemos de mirar para otro lado y miremos juntos al tercero, sin dejar de mirar hasta convertirnos en uno solo, un mundo, que es lo que somos.


SFC

Y tuviste que ser tú, precisamente tú.

La alegría de la casa, el espíritu de cada fiesta, de cada reunión familiar. Te tuvo que tocar a ti, la más vital, la más sonriente, a la que más “te quiero” se le escapan. Le cortaron las alas a la más libre, a la más pájaro.

Te quiero.

Porque sí, porque admiro tu fuerza, tu sonrisa y tu mirada brillante, aunque estés rota por dentro.
Porque sí, porque pocos saben como tú animar a quien lo necesite, aunque solo tengas ganas de llorar.
Porque sí, porque te transformas como ya quisieran hacerlo los superhéroes con solo un brochazo y un “estoy bien”.
Porque puedes, puedas o no.
Porque recoges las piezas sueltas y te armas en un minuto si alguien te necesita.
Porque me enseñaron a quererte nada más nacer y ahora mis hijos te quieren con locura, como yo a los tuyos.
Porque no saben la fibromialgia ni la fatiga crónica con quién han ido a dar, que se preparen que te las vas a comer con patatas.
Porque eres un ejemplo de madre, de hermana, de tía…
Porque siempre estás, aunque creas que últimamente menos.
Porque haces de mis días importantes, los tuyos, y eres feliz cuando me ves feliz.

Yo te creo, aunque algunos ignorantes te metan en un saco. Aunque otros crean que exageras o mientes. Te atraparon cuando más alto volabas y ahora vives en una jaula, entre rejas que te aprietan la cabeza, la espalda, los brazos y las piernas. No te rindas, a fuerza de amor y de sonrisas, romperemos las cadenas o, por lo menos, las protegeremos con algodón para hacerlas soportables. No estás sola, que no se te olvide.

Peticiones

Al año que termina, le agradezco todo lo bueno que me ha dado. Todos los abrazos que me ha regalado, los reencuentros, los acercamientos, las miradas brillantes, las muestras de cariño y de agradecimiento, los apretones de mano. Cada emoción compartida, cada nuevo amigo.

Al que llega, le suplico:

Menos preocupaciones y más salud.

Menos competitividad y más inclusión.

Menos evaluaciones y más valores.

Menos política y más justicia.

Menos adornos y más seguridad.

Menos libertinaje y más libertad.

Menos miedo y más respeto.

Menos clases y más igualdad.

Menos soberbia y más humildad.

Menos golpes y más abrazos.

Menos envidia y más nobleza.

Menos juicios y más empatía.

Menos gritos y más asertividad.

Menos fragilidad y más resiliencia.

Menos estrés y más vida.

Que desaparezca la necesidad de puertas violetas, lazos morados y minutos de silencio.

Que no muera ni un solo niño más de hambre.

Más lluvia, arcoíris, sol, paseos, paz, flores, puestas de sol, familia, sonrisas…