Amando

Cada vez que se me moría una planta, lloraba en silencio como cada vez que escuchaba “¡Chanquete ha muerto!”. Pensaba que se iban porque no eran felices conmigo… Sí, yo también pienso que estoy tocada del ala, pero probad a tener tres hijos, una perra que pesa el doble que tú y un marido que se sacude las manos con todas sus fuerzas cada vez que se lava las manos, frente al espejo, antes de coger la toalla, y luego me lo decís…

Yo les hablaba con cariño, les cantaba incluso… Reconozco que hubo unos años en los que apenas les dedicaba cinco minutos al día y que alguno se me olvidaban, pero daba igual, les dedicara lo que les dedicara, se me morían…

Así que, el año pasado decidí cogerles poco cariño. Las miraba de reojo cuando las regaba, pero no les dirigía la palabra. Se me murieron igual y a mí me dolió igual. Entonces recordé y entendí.

Siendo adolescente pensé que no iba a poder soportar la muerte de mi abuela Marina años antes de que llegara su hora. Su corazón delicado, su leucemia y la cantidad de pastillas que tenía en esa bolsita vieja de farmacia con las letras borradas que varias veces al día abría y cerraba con sus manos temblorosas, me hacían sospechar que podía pasar en cualquier momento.

Tanto la quería, tan unida a ella estaba, que tomé una de las peores decisiones de mi vida: aprender o, mejor dicho, intentar no quererla tanto. Hablaba menos con ella, le miraba menos a los ojos, no me sentaba pegada a ella en el sillón como siempre… Me ayudó la edad; los últimos años de instituto, las horas de estudio y las horas de calle lo hicieron más fácil. Alguna vez llegué a sentirme orgullosa porque lo estaba haciendo bien. Me había alejado.

Menos mal que me dió tiempo a darme cuenta y rectificar antes de que fuera demasiado tarde. Aunque los besos, los abrazos y los ratos perdidos, jamás los pude recuperar.

No se puede querer a medias. No se puede sujetar el amor, así como no se puede impedir que el sol salga cada mañana.

Cuando no das amor, el que más pierde eres tú. Puedes llegar a olvidar a alguien que no te quiere, pero nunca puedes dejar de querer a alguien que te quiere con toda su alma.

Hemos nacido para amar, todo esto no tiene sentido si no fuera por amor. Nacemos por amor y vivimos para amar, no hay más. Todo lo que se salga de ahí es superficial.

Vivamos amando a manos llenas, a pecho descubierto, con los ojos, con las manos, con todo el cuerpo. Si amas, agradeces a la vida y si agradeces, la vida te da más amor.

No tenemos tiempo de perder el tiempo amando a medias. Cuando toque llorar, lloraremos. Cuando nos toque despedirnos, nos despediremos… Pero mientras, amemos, solo amemos. A ellos les digo: “Quererlos cada minuto como si fuera el último”.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s