Pulso

Está muy bien lo de hablar, lo del cariño, el respeto y la empatía, pero de vez en cuando hay que ‘sacar la vara’ y no precisamente la del hada madrina. No hace falta decir que jamás hay que pegar, con esa expresión me refiero a vestirnos de sargento y ponernos serios.
Ayer tuvimos celebración familiar. Bodas de oro de mis tíos.
Pablo, que aunque adolescente es bueno, y no lo digo por amor de madre, está siendo poseído por las hormonas y cada día nos toca echar un par de pulsos.
Bien, amanece… (Para ellos a las 11).
-Chicos, desayunad, ducha rápida y a vestirse, la misa es a las 12.
-Buah, ¿misa también?.
-Sí, misa también. ¿Cuántos meses hace que no vas a una misa?. Pues hoy toca.
-¿Y qué me pongo?. Me podré poner ropa cómoda por lo menos. (Con ropa cómoda él se refieren a ropa de deporte).
-Pues no, hay que arreglarse. Ponte el chino y un polo.
-¿Pantalón largo?. Sí hombre, también, a morirme. (Negociamos y le dejé ir con un vaquero corto, a cambio de ponerse un cinturón y meterse el polo por dentro).
-Podré ir con zapatillas de deporte por lo menos, que digo yo…
-Pues dices mal, ¿vas a jugar al fútbol?. No. Ponte las zapatillas pero de vestir. (Que no le pido zapatos, que esos dejé de comprarlos hace años).
Se quedó refunfuñando un rato pero me bajé y dejé de oírle. (Si no tomamos distancia en estos momentos, esto sería mitad casa, mitad ring de boxeo, y no tengo yo el cuerpo para jotas).
Las chicas en 5 minutos listas las dos (luego dicen las malas lenguas).
Todos en el coche esperando al novio, como siempre, que hasta las lengüetas parecen ir en contra suya.
-Si se me hace muy larga la misa y me aburro, me puedo salir, ¿no?.
-Pues no. Te recuerdo que tienes capacidad para estar cinco horas sin moverte de tu silla, jugando a la Play, ten por seguro que media hora aguantas.
En la puerta de la iglesia, lo veo que va a entrar con el móvil en la mano, jugando.
-Pablo, dame el móvil.
-Pero, ¿por qué?. (Con los brazos abiertos y los ojos como platos). Sí hombre, lo que me faltaba.
-Dámelo. Si me lo das, te lo devuelvo a la salida, si no, no lo vas a tener en todo el día.
Fín.
No seré yo quien dé consejos a nadie, me equivoco todos los días, solo quiero decir que es necesario estar encima. Hay que hablar, hay que negociar, sí. Pero hay cosas que no se discuten y normas que se cumplen, y punto.
Paula detrás, “¿cuánto pavo le queda, mamá?”.

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