Viaje a Italia con niños

Lo primero, agradecer a Cecilia, Carmen e Isabel (mi italiana preferida), sus consejos y su ayuda en la organización del viaje.

Empezaré diciendo que el espíritu turista de mis hijos, les da para hacer turismo en casa, del salón a la campera, de su habitación al baño, poco más, con lo cual entre eso y que yo no estaba en mi mejor momento, este viaje, aunque me hacía mucha ilusión, me daba mucha pereza. Aún así, he de decir, que como todo lo que cuesta un esfuerzo, mereció la pena.

Al espíritu turista, tenemos que sumarle el espíritu cultural. En un viaje de diez días por Italia, lo que más ilusión les ha hecho es ver una tienda gigante de la ‘jodía manzana esa del bocao pegao’ en la plaza de Florencia (me bajo de la vida). Eso y el ‘pito de Diego’ como llamaba Paula al David de Miguel Ángel.

David de Miguel Ángel. Galería de La Academia. Florencia.

A los dos espíritus anteriores, hay que sumarles otro, el pedigüeño. La madre que los parió, ¡qué boca tienen!. Menos mal que yo conseguí hace años aislarme del mundanal ruido y desconectar cuando me interesa. No oigo nada, literalmente. ‘Me canso’, ‘cuánto queda?’, ‘queda mucho?’, ‘está lejos?’ (van cambiando el formato para que nos creamos que cambia la pregunta y prestemos atención), ‘tengo sed’, ‘tengo hambre’, ‘me hago pis’.

Paula pidió de recuerdo de Florencia un mini bolsito fucsia ideal que vió en un escaparate, de 1350 €. Al final, la convencimos de que era muchísimo mejor una gorra de 10 €. En esta familia hay conversaciones que duran lo justo.

-‘Ayyyyy, ¿puedo?’

-‘NO’.

Otro tema, a mis hijos solo los mueve el hambre. Solo andan con energía camino al restaurante que corresponda. Parecen moribundos hasta que llega la hora de comer o cenar. Y además, se vuelven auténticos guiris, quieren comer a las 12.30 y cenar a las 18.00.

En este viaje, la frase que más hemos repetido ha sido ‘el próximo, solos, ¡que no se nos olvide!’.

Ha sido muy bonito, la verdad, pero comparado con el del año pasado a Suiza, totalmente diferente. Mis hijos, igual que sus padres, son más de campo que de monumentos y al igual que dije que Suiza era un país pensado para familias con niños, Italia, no. Os daré unos CONSEJOS PARA VIAJAR A ITALIA EN VERANO CON HIJOS:

-1 (el más importante): NO IR (así, sin paños calientes). En verano, no.

Si como nosotros, solo disponéis de tantos días seguidos el mes de vacaciones de verano y no lo podéis evitar, preparáos para ver cosas bonitas y pasar calor en la misma proporción.

-2: Lo primero que debéis meter en la maleta es todo tipo de anti-mosquitos.

-3: Buenas espaldas para llevar botellas de agua.

-4: Gorras, sombreros… Sprays o pistolas de agua para ir refrescando al personal.

-5: Cogerles bien de la mano al cruzar los pasos de peatones, en Roma parece que se tiran a por tí.

-6: Si váis en coche, mucha precaución, conducen fatal, sin respeto (tonto el último), por lo menos en Roma.

-7: Salid bien orinados de casa. En Venecia, por ejemplo, pasar a un baño público nos costó 1,50 por persona.

Día 1, Venecia.

Desde el puente Rialto

Llegamos a Venecia a las 18.30. Recogimos el coche de alquiler en el aeropuerto, lo dejamos en Garaje San Marco, cerca de Piazzale Roma, y cogimos el Vaporetto (línea 1) hasta el alojamiento. Hicimos Check in, cogimos Vaporetto y fuimos a cenar a La Zucca, comida casera, pasta deliciosa. Os recomiendo las lasañas de verduras, la de berenjena, deliciosa, y los postres, uhmmm…

A la salida, de nuevo en Vaporetto (sacamos tarjeta para 24 horas de uso ilimitado, 20 € por persona), fuimos hasta Rialto para ver de noche el puente Rialto y sus vistas, dimos un paseo viendo todas las tiendas y volvimos caminando hacia el alojamiento.

Nos alojamos en Aqua Apartments. Una maravilla para cinco personas. Atención inmejorable por parte de sus dueños, Ofelia, española y su marido. Apartamento completamente nuevo, dos habitaciones con dos camas grandes comodísimas y otra pequeña dentro de una de ellas. Salón y cocina equipada, incluso con lavadora, cuarto de baño con plato de ducha. Limpieza perfecta. Con vistas al canal, silencio absoluto por la noche. Una pena quedarnos solo una noche, Venecia se merece más, me encantó.

Día 2, Venecia y viaje a Betolle. Dejamos el apartamento, fuimos a desayunar unos croissants recién hechos y ¡al ataque!.

Góndolas.
Plaza de San Marcos.
Basílica de San Marcos.

Paseamos por San Marco, la Plaza y la Basílica, el Palacio Ducal, el Puente de los Suspiros y Santa María de la Salud. Recorrimos las callecitas llenas de tiendas y abarrotadas de gente. Comimos pizza y un helado y fuimos a por el coche para viajar a Bettolle, donde estaba nuestro siguiente alojamiento, a 350 km. Una vez allí, nos acomodamos y fuimos a hacer compra a Lidl, cenamos en casa y descansamos.

Bettolle (pueblo de La Toscana). Villa Vignacce.

Casa antigua y bonita con habitaciones o apartamentos con capacidad desde dos a cinco personas (nuestro apartamento era ideal para cuatro y un niño muy pequeño (el colchón de la camita supletoria era regular), dos dormitorios, dos baños con ducha, y cocina). Anna, la propietaria, un encanto de mujer, pendiente de todo. Habla español de maravilla. Jardín y piscina. Estuvimos seis noches y desde ahí visitamos toda la Toscana, siendo el viaje más largo a Pisa, unas dos horas.

Villa Vignacce

Día 3, Florencia. Imprescindible, preciosa.

Catedral de Florencia.
Puente Viejo (Ponte Vecchio)
¡Dónde va a parar!.
Fontana del Porcellino.
Galería de la Academia.

Día 4, Montepulciano (hay que ir), Termas de Saturnia, Pitigliano (muy bonito) y Pienza (uno de mis preferidos)..

Pueblos para perderse por sus callecitas.

Vistas desde Montepulciano
Montepulciano.
Montepulciano.
Montepulciano.
Termas de Saturnia, un respiro.
Termas de Saturnia desde la carretera.
Pitigliano
Val D’Orcia
Pienza.

Día 5, Siena (muchísima gente y tráfico por el casco antiguo, si volviera, me lo saltaría) y San Gimignano (precioso, uno de los sitios que más me han gustado de todo el viaje).

Siena

Si vais a Siena, no hagáis como nosotros, al primer cartel de centro histórico que vimos, allá fuimos. Solo me faltó llorar cuando ví esa cuesta con el calorazo que hacía… Me dije diez veces, ‘tú puedes, tú puedes’, y pude. Pero al llegar arriba y ver que un puñado de chinos salían frescos como lechugas de las escaleras mecánicas, me dije otras diez, ‘eres tonta, eres tonta’. Creo que por eso se me atravesó la visita.

Plaza de Siena
Catedral de Siena
San Gimignano
San Gimignano

Día 6, Lucca (si tenéis poco tiempo, os lo saltáis) y Pisa.

Lucca
Pisa
Paseando por Pisa.

Día 7, San Quirico d’Orcia, Monticchiello y Cortona.

Aunque borrosos, podéis comprobar cómo disfrutan del paisaje de La Toscana.
San Quirico d’Orcia
San Quirico d’Orcia.
Monticchiello
Monticchiello
Cortona
Cortona
Cortona

Días 8, 9 y 10, Roma.

Día 8, Piazza Spagna, Fontana di Trevi, Panteón de Agripa y Piazza Navona.

Piazza del Popolo.
Piazza di Spagna.
Fontana di Trevi.
Yo no me tapo, que estoy mona con las gafas 😜.
Fontana di Trevi.
Panteón de Agripa.
Mi chiquitín sujetando una columna.
Piazza Navona.
Río Tevere

A la derecha la Corte di Cassazione y al fondo, el Castillo de Sant’Angelo.

Día 9, Ciudad del Vaticano (Museos, Capilla Sistina y Basílica de San Pedro).

Cogimos un Tour con un guía en español con Civitatis (hay varias empresas). Duró tres horas e incluyó la visita a los tres sitios, sin colas y todo explicado al detalle.

Tener que ir con pantalón largo fue una penitencia, para Pablo ‘lo peor del verano’. En plena ola de calor, con vaqueros. Pero leímos y releímos las normas y decían muy claro que no se podía pasar a la Basílica con los hombros ni las rodillas al descubierto. Bien, pues después de pasar las horas que pasamos de calor, dentro de la Basílica había hombres con pantalón corto por encima de la rodilla (Pablo echaba pestes por la boca, y yo, sin que me viera, también. Si hay normas, las debería cumplir todo el mundo). Las mujeres que iban con tirantes, se podían tapar con un pañuelo los hombros.

Museo Vaticano.
Capilla Sistina
Capilla Sistina
Basílica de San Pedro.
La Piedad de Miguel Ángel en la Basílica de San Pedro.
Plaza de San Pedro.
Plaza de San Pedro. Al fondo, la Basílica.

Día 10, Coliseo, Foro y Palatino romano. Boca de la verdad y Trastévere.

Teníamos la visita guiada contratada a las 15:30, con la fresca, porque no quedaba otro hueco, a pesar de haberla reservado casi un mes antes. Duró tres horas e incluyó la visita, sin cola ni espera, al Coliseo, Foro y Palatino. Unos 40 € por adulto y 26€ por niño. Nos tocó un historiador salvadoreño encantador que nos explicó todo al detalle. Yo no quería, pero he de decir que solo por saltarse la cola kilométrica ya merece la pena, y sin este hombre habríamos visto la mitad de las cosas y sin saber lo que eran.

Después de la visita y aunque ya no éramos personas, decidimos ir a conocer el barrio de Trastévere, cenar allí, y de camino, ver la Boca de la Verdad (informáos de horario, cuando llegamos, acababan de cerrar y solo pudimos verla desde fuera).

Coliseo.
Coliseo
Vistas del Foro y de Roma desde el Palatino.
Arco de Tito.
Interior del Coliseo.
Coliseo.
Arco de Constantino.
Boca de la Verdad.
Santa María de Trastévere.

Día 11. Regreso a casa.

Siempre volvemos con ilusión, contentos por todas las cosas nuevas que hemos conocido pero también con ganas de llegar a casa.

No me gustan nada los aviones pero lo disimulo bien.
Ellas se sienten seguras con mi mano, yo se la doy para sentirme segura.
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