Verano

Cómo va cambiando el cuento…

Toda mi vida, mi estación favorita del año, vacaciones, cumpleaños, reencuentros familiares, buen tiempo, playa, piscina, campo, feria…

Ahora, supongo que el verano también va cumpliendo años, como todos. Hay cosas que no cambian, las buenas: vacaciones (ésto es lo único que ha ganado con los años, ahora puntúan doble, son escolares y laborales), playa, viajes, campo.., pero en otras, como le dijo Paula a Kiki el otro día, ‘nos han timao’.

Ni la primavera, ni el otoño, a mí me pone triste el verano. Pero no melancólica, no, triste.

Tengo la sensación de pasar el curso (para mí el año se divide en dos, curso (no respires) y verano (respira)) en una autopista en la que vas con el acelerador pisado a tope, como Thelma y Louise en el último acelerón, a todo lo que dá, sin mirar ni a los lados, solo para delante en un intento de no estrellarte, y de repente, sales de la autopista, y llegas a una aldea de ocho habitantes y te paras en seco en un semáforo en rojo. Del frenazo casi te comes el cristal, eso lo primero, pero luego viene una especie de ángel, te abre la puerta y te dice, ‘¡Bienvenida!. Anda, colócate ese pelo, baja y date una vuelta, disfruta del paisaje, descansa, relájate un poco, toma algo fresco. Te da tiempo. Mientras, te limpio el coche y te echo gasoil’.

Tú no sabes si está loco el ángel o estás loca tú, pero no te quedan más narices que obedecer, y te bajas.

Como en una partida, cuando recoges todas las cartas desparramadas por la mesa entre las dos manos, las colocas y le das esos dos golpecitos mágicos en la mesa para dejar la baraja perfecta.

Así me siento…

La que fue mi estación favorita, se ha convertido en tiempo de frenazo en seco y mirar alrededor, ser consciente de todo lo que está pasando, intentar poner orden.

Ahora, los reencuentros familiares casi han desaparecido, me da demasiado tiempo de mirar a los ojos a los que quiero y ver cómo nos vamos haciendo mayores, todos. El calor me deja como un trapo, sin fuerza. La feria me pone de la misma mala leche que los anuncios de ‘La vuelta al cole’.

Mucha gente que quería se fue un verano para no volver.

En verano lloro todo lo que no me ha dado tiempo.

Me relajo tanto, que me vengo abajo. Creo que durante el curso me mantienen en pie el estrés, la tensión y los dientes encajados. Llega julio, veo el Peñón, respiro, se abre la tapa y todo sale… (hasta el grano del año).

Menos mal que el veinticuatro de agosto por la noche, me estiro mucho y crezco un poco, que si no…

Y poco después de pegar el estirón, cuando se te está haciendo el cuerpo al calor, ves venir al ángel y te dice, con los hombros caídos, ‘Ya está, súbete. Buen viaje’. Y te pille como te pille, toca secarte las lágrimas, arrancar y meterte de nuevo en la autopista, cada vez de más carriles.

Ésto lo ha escrito la persona, no la madre, porque como madre, el verano sigue siendo lo mejor. Sus caras relajadas, sus risas, sus juegos, sus pieles morenitas, besos y abrazos a demanda… Eso da la vida.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s