1977

Érase una vez, una niña que soñaba con cambiar un poco el mundo. Su madre le contó que el 29 de julio de 1977, día en que se incendió la estación de trenes de Ciudad Real por la explosión de dos cisternas de gasolina, se llevó el mayor susto de su vida y corría por la calle bajo un cielo rojo sujetándose la barriga para que su hija, que tenía que nacer un mes después, no decidiera nacer esa noche. Aún no se explica cómo no se puso de parto, lo que sí se explica es que su hija desde ese día hasta hoy, viva en alerta, porque ya aquella noche fue consciente de que la vida no es un camino de rosas.

Aquella madrugada trotando en la barriga de su madre, aprendió que se piensa muy bien de noche, que en silencio y a oscuras se arregla el mundo, aunque a esas horas los problemas se vuelven gigantes, como los molinos a Don Quijote.

De pequeña, cuando todos dormían, ella lloraba acordándose de sus perros, que pasaban solos en el campo las noches gélidas de los largos inviernos.

Cuando los demás dormían, después de una tarde en la que un amigo decidía que le apetecía cenar pajarillos fritos, ella lloraba pensando en los pajarillos que se habían quedado huérfanos ese día y que a esas horas estarían muertos de hambre y frío esperando a sus padres.

Cuando los demás dormían, ella lloraba recordando una discusión de sus padres.

Fue creciendo, y con ella los problemas en los que pensar.

Empezó a dejar de dormir pensando en los miles de niños que viven sin saber lo que es el amor, el cuidado, el calor, las caricias. Niños abandonados en un orfanato, niños del tercer mundo…

Empezó a dejar de dormir pensando en la enfermedad de su padre, en los padres de sus amigas y otras personas queridas que se fueron antes de tiempo.

Empezó a dejar de dormir pensando en los padres de Marta del Castillo…

Empezó a dejar de dormir pensando en Ángela y lo que la vida le puso delante…

Y una noche, en mitad del desvelo, comprendió que ella no podía solucionar nada de eso y para coger el sueño, empezó a pensar en todas las cosas buenas que tenía alrededor, en la gente bonita que tenía cerca, en que cada día es un regalo y en que la esperanza es lo último que se pierde. Y si bien tenía claro que ella sola nunca podría vencer gigantes, pensó que igual compartiendo ideas, sentimientos, valores… conseguiría un ejército con el que hacerles frente.

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