Trece

TRECE.

Una inmensa montaña me parecía la calle Ciruela cuando mi hematocrito y el peso del cochecito gemelar, me obligaban a hacer dos paradas del Pilar a Prénatal. Me decían que iba poco elegante, con el culo en pompa… ¡pero si no podía con mi alma!.
En esos momentos de soledad en la montaña, entendí que no había vuelta atrás, esa era ya mi nueva vida, ganaban, eran mayoría, así que era mejor entregarse. No sé si fue en esa calle o en una de tantas noches sin llegar a mi cama, donde me despedí de mi antiguo yo para siempre.

12-12-2005:
10.20, sentí como si me arrancaran una ventosa gigante. María, 1.820 gramos. Nada más verla, todo cambió.
10.22, literalmente mi cuerpo se quedó vacío, pero esa sensación duró un segundo porque inmediatamente después, se llenó de amor. Pablo, 2.250. Fue un flechazo, lo sé.

16 días ingresados en Neonatos, María por bajo peso, Pablo por reflujo y apneas. La aventura prometía. Le pedí a la vida una tregua de una noche, porque si grande era el amor, mayor era el dolor. Pero al día siguiente a las ocho de la mañana se me olvidó que tenía una raja de lado a lado, no notaba que se estuvieran planteando una transfusión, al ver a Pablo en su cuna térmica y a María en su incubadora con los ojos abiertos y chupando el oxígeno, recuperé la fuerza. Estaban esperando a su madre y su madre, era yo.
Ese día me crucé con una persona que pronunció las palabras mágicas, ‘no vas a poder’, ya está, no me hizo falta más, ni reflejo de succión ni nada. Que no voy a poder darles el pecho a los dos?. Al ataque!. 6 meses sin descanso, raro era verme sin una fuera. Terminaba con uno, empezaba con otro, de día y de noche.
Así fue como empezó mi camino, mi aprendizaje…

Y colorín, colorado, no sé ni cómo ni cuándo, pero 13 años han pasado…
Ahora, a ratos son mis niños, a ratos adolescentes extraños. A ratos nos abrazamos, nos damos besos, a ratos nos cuesta mirarnos a la cara. A ratos cariño, a ratos voces. A ratos nos reencontramos, a ratos explotan las hormonas. A ratos doy gracias, a ratos lloro a escondidas. A ratos creo que lo estamos haciendo bien, a ratos fatal. Unas veces se equivocan ellos, otras nosotros. Y así, en este ir y venir, subir y bajar, van pasando los días… y sé que ésto no es más que un invierno que hay pasar para llegar a la más bonita de las primaveras.

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