Por debajo de la puerta

No sé muy bien por qué hay días en los que soy más consciente de la situación. Lo más arriesgado que hago en mi vida es no lavarme los dientes después de comer dulce y lo más atrevido no tomar lactasa cuando como algo que lleva trazas. Lo más relajante que hago es sentarme frente a la lavadora para saborear cada segundo de su último minuto (que por cierto… ¡qué minuto!) y lo más romántico, ir a comprar juntos… Pues hoy es uno de esos días…
Después de meses de inactividad física y de una mañana de discutir hasta con Nana porque siento que van todos a una, y yo justo a la contraria, he decidido dedicarle media hora a mi espalda. He cerrado la puerta del baño (aunque parezca mentira, todavía me acuerdo, es solo un pequeño giro a la derecha), me he puesto música relajante y he desenrollado mi esterilla (la pobre se estira pocas veces al año).
Bueno, en diez minutos, han tocado cuatro veces la puerta (como no contestaba, cada vez más fuerte), los mayores me han escrito unos cuantos whatsapp cada uno y la pequeña, me ha mandado una nota por debajo de la puerta. ¿Qué hago?. ¿Me sofoco o me río?. Mejor me río… porque sé que dentro de poco me sobrará tiempo y lo peor de todo, me da pánico pensar que llegará ese día…

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