La memoria selectiva

No recuerdo mis regalos de cumpleaños, sin embargo, recuerdo los ratos de risas que pasábamos cuando, cada 24 de agosto, colgábamos esa fila de globos de un árbol a otro, llenos de harina, agua, arroz, caramelos… y con los ojos vendados y un palo acabado en pincho en la mano, les dábamos golpes hasta romperlos. Rodeada de toda mi familia, loca de contenta.

No me acuerdo de lo que comí ayer, sin embargo, recuerdo perfectamente que hace treinta y tantos años cada viernes por la noche, me sentía la persona más feliz del planeta cuando me sentaba a ver el Un, dos, trés con mis padres y mi hermano. Ni en el mejor spa he vuelto a conseguir ese nivel de relajación.

A veces me quedo en blanco cuando arranco el coche y no sé por dónde ir a algún sitio, sin embargo, recuerdo el olor de mi abuela Marina cuando se sentaba a mi lado con su toca gris de lana y el rosario en su mano cada vez que empezaba una tormenta. Y como sus ojos inundados se hacían diminutos cada vez que hablaba de su Antoñito, desde pequeña aprendí así que no existe dolor más grande que perder a un hijo pequeño.

Se me olvidan fechas, tengo que ir poniendo recordatorios en el móvil, en la campana o en el frigo, sin embargo, me sé de memoria el estribillo de algunas canciones que mi padre ponía en los viajes, Los Chichos, Manolo Escobar, Mocedades (la moda del bilingüismo debió llegar después)… y aún siento las cosquillas que sentía al coger los baches de la carretera mientras él decía aaaaaayyyy.

Parece que fue ayer cuando soñaba con hacer el salto de Dirty Dancing y ,sin embargo, hace una vida de ese sueño…

Tengo que hacer un esfuerzo para recordar la enfermera que fuí, aquella apasionada, incansable, que hace veinte años salía de un trabajo y se iba a otro, a la que le podían pedir seis cosas diferentes en una frase y no fallaba una (ahora me piden tres y se me olvidan dos). Siempre estudiando, siempre haciendo cursos para seguir aprendiendo y ser mejor (ahora con ir duchada me conformo). Ya no seré tan buena, estoy cansada, duermo regular…pero tengo claro que cada mañana llego al trabajo con el corazón en las manos, con una sonrisa y dispuesta a dar lo mejor de mí.

La vida… que no se nos olvide.

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