Olas

Las olas me lo recuerdan, todo pasa, tranquila. Todo viene y va, todo empieza y acaba.

Las olas me ayudan a respirar con calma, a llenarme de paz.

Su ruido me ayuda a dejar de pensar.

Las olas me enseñan tanto…

Hacen de colador, dejan solo lo básico, lo imprescindible. Sus voces de fondo, sus risas, sus juegos…

Como en la vida, hay olas pequeñas, algunas que ni notas, olas que te permiten darles la espalda, olas que saltas, olas que mojan más o menos, pero cuando ves venir una de esas olas que sabes que pueden contigo, entonces, se acabó el juego, los saltos, las risas, ni de lado, ni de espaldas, en un segundo te haces fuerte y la coges de frente, de cara, de lleno, te metes dentro, te enfrentas a ella y la dejas pasar.

Qué pasa, que tragamos?. Qué pasa, que nos baja el bañador?. Qué pasa, que nos escuecen los ojos?. No pasa nada, tosemos, nos colocamos, nos secamos y a seguir.

Cuidado, no le des demasiada importancia ni le dediques demasiado tiempo a la misma ola, porque en un descuido, se forma otra gigante y te lleva por delante.

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1977

Érase una vez, una niña que soñaba con cambiar un poco el mundo. Su madre le contó que el 29 de julio de 1977, día en que se incendió la estación de trenes de Ciudad Real por la explosión de dos cisternas de gasolina, se llevó el mayor susto de su vida y corría por la calle bajo un cielo rojo sujetándose la barriga para que su hija, que tenía que nacer un mes después, no decidiera nacer esa noche. Aún no se explica cómo no se puso de parto, lo que sí se explica es que su hija desde ese día hasta hoy, viva en alerta, porque ya aquella noche fue consciente de que la vida no es un camino de rosas.

Aquella madrugada trotando en la barriga de su madre, aprendió que se piensa muy bien de noche, que en silencio y a oscuras se arregla el mundo, aunque a esas horas los problemas se vuelven gigantes, como los molinos a Don Quijote.

De pequeña, cuando todos dormían, ella lloraba acordándose de sus perros, que pasaban solos en el campo las noches gélidas de los largos inviernos.

Cuando los demás dormían, después de una tarde en la que un amigo decidía que le apetecía cenar pajarillos fritos, ella lloraba pensando en los pajarillos que se habían quedado huérfanos ese día y que a esas horas estarían muertos de hambre y frío esperando a sus padres.

Cuando los demás dormían, ella lloraba recordando una discusión de sus padres.

Fue creciendo, y con ella los problemas en los que pensar.

Empezó a dejar de dormir pensando en los miles de niños que viven sin saber lo que es el amor, el cuidado, el calor, las caricias. Niños abandonados en un orfanato, niños del tercer mundo…

Empezó a dejar de dormir pensando en la enfermedad de su padre, en los padres de sus amigas y otras personas queridas que se fueron antes de tiempo.

Empezó a dejar de dormir pensando en los padres de Marta del Castillo…

Empezó a dejar de dormir pensando en Ángela y lo que la vida le puso delante…

Y una noche, en mitad del desvelo, comprendió que ella no podía solucionar nada de eso y para coger el sueño, empezó a pensar en todas las cosas buenas que tenía alrededor, en la gente bonita que tenía cerca, en que cada día es un regalo y en que la esperanza es lo último que se pierde. Y si bien tenía claro que ella sola nunca podría vencer gigantes, pensó que igual compartiendo ideas, sentimientos, valores… conseguiría un ejército con el que hacerles frente.

Amor

AMOR sin más, en mayúsculas, a corazón abierto de par en par.
AMOR puro, sin filtros.
AMOR que da sentido a toda una vida en un segundo.
AMOR, desde siempre y para siempre.
AMOR que guía, que supera el miedo.
AMOR, nada más.

No hace mucho

Un día, no hace mucho, decidí no depender de cómo me mirasen los demás.

Una mañana no muy lejana, decidí no esperar que las personas con las que me iba cruzando me sonrieran, porque ya me había sonreído yo nada más mirarme al espejo.

Aprendí que yo elijo lo que me afecta y lo que no, quién puede herirme y quién no.

Desaprendí a fiarme de todo el mundo o por lo menos a no decepcionarme después, porque conocía de antemano las posibilidades.

Desaprendí que recibes lo que das, pero a la vez aprendí que dando te beneficias tú, ellos se lo pierden si no dan…

Aprendí que para querer bien, tengo que quererme yo primero y que pisando con decisión y teniendo claro el objetivo, ningún obstáculo es capaz de detenerte.

Aprendí a no subestimar jamás el poder de la ilusión.

Belleza

No presumáis nunca de nada, solo de ser buenas personas.

Escuchad mucho, hablad lo necesario. No os quedéis con dudas, levantad la mano y preguntad, pero si os sabéis algo, quedáos callados hasta que os pregunten.

Respetad a cada persona que tengáis al lado, pero en la misma medida o más, os tienen que respetar.

Jamás una humillación, a nadie ni de nadie.

Solo vale la verdad, no hay excusas ni excepciones.

Nada de rendirse ni darse la vuelta una vez empezado el camino a vuestro sueño. A veces, hasta que no se llega a la meta no se aprecia la belleza.

Nunca le neguéis a nadie una sonrisa, aunque parezca que no se la merezca. Hay personas que son como los cactus, no se pueden tocar sin salir heridos pero, aunque sea una vez al año, son capaces de dar la flor más bonita.

Hoy

Y si ahora mismo te dijeran que hoy es tu último día?.

A quién abrazarías?. A quién dirías ‘te quiero’?. A quién cogerías de la mano?. A quién perdonarías?. A quién pedirías perdón?.

A dónde irías?. Qué viaje harías?.

Qué sueño cumplirías?. Qué miedo superarías?. Qué daño olvidarías?.

Eso es justo lo que tienes que hacer, esa es la ilusión con la que lo tienes que hacer. Con decisión, con prisa, como si fuera la última oportunidad.

Todo eso en lo que hayas pensado al leer ésto, aunque haya sido un segundo, hazlo, si no hoy, mañana y si no, el mes que viene, póntelo como objetivo de vida.

Hazlo, nadie nos va a decir que hoy es nuestro último día, pero cualquier día puede serlo sin que nadie nos avise…

Que nos pille con todo dicho, con todo hecho…

No

No son cobardes los que tienen miedo, sino los que no se atreven a enfrentarse a él.

No son débiles los que creen que no van a ser capaces, sino los que se rinden sin haber luchado.

No son más fuertes los que más peso levantan, sino aquellos que tiran para delante con todo sin pararse a pensar en lo que pesa su carga.

No son más respetables ni admirables aquellos con más títulos ni medallas, sino quienes tratan con respeto, educación y ambilidad a cada persona que tienen al lado.

No son más felices los que manejan millones, sino los que aprecian el valor de las pequeñas cosas.