Paz

Que la gratitud le gane el pulso a la queja cada día.
Que la niebla no nos impida ser luz.
Que resurjamos mil veces y cada vez más fuertes.
Que aunque haya días llenos de lágrimas, no nos falte nunca un abrazo que las seque.
Que por cada gramo de dolor, nos lleguen cien de ternura y por cada minuto de soledad, un millón de alegrías compartidas.
En ese momento de paz pensé: «vendrán tiempos difíciles, pero solo haber llegado hasta aquí, ya es para celebrarlo».

10 de octubre

Hay cosas que si no las ves con tus propios ojos no te las puedes imaginar, por mucho que te las cuenten con detalle, por muchas fotos que te envíen. Es como si quisiéramos oler un campo de lavanda desde el otro lado de una pared, aunque sea de cristal y lo veas perfectamente. Imposible. 

Algunas cosas solo se empiezan a entender cuando te tocan de cerca.

Mañana es el Día Mundial de la Salud Mental, y este año se dedica a la prevención del suicidio.

Esto, que para muchos son palabras mayores, para otros muchos es el pan de cada día.

Sabemos que una mala alimentación, malos hábitos (tabaco, alcohol…) y una vida sedentaria nos lleva directos a un amplio abanico de problemas de salud (hipertensión, diabetes, cáncer…) Eso todo el mundo lo ha estudiado, leído o escuchado y, aunque muchos no parecen o no quieren entender, tienen a su alcance muchas formas de prevención. 

Gracias a Dios, igual que casi todos tenemos unos vaqueros de fondo de armario, cada día se lleva más un estilo de vida saludable. Unos lo cumplen a rajatabla y otros lo intentan, pero todos tenemos la información y los medios.

¿Qué pasa con la Salud Mental?

¿Dónde están las medidas de prevención perfectamente explicadas en manuales o libros, en la televisión o donde sea que estén al alcance de todos cada día? ¿Cuántos cuentos infantiles hay que hablen del acoso escolar, de la importancia de las relaciones personales sanas, etc? Los hay, sé que los hay, pero no te los encuentras, los tienes que buscar a conciencia. 

Nadie nos habla del daño que hace la soledad, el rencor… Y digo daño de verdad, del que te lleva a una tristeza tan profunda que te hace enfermar.

Nadie nos recuerda constantemente la importancia de la amistad, del amor de la familia, del optimismo, la alegría y el agradecimiento como filosofía de vida.

Nos dicen pocas veces que los paseos al sol o el yoga curan, que la música relaja, anima, acompaña…

No nos repiten que hay que huir, pedir ayuda a gritos ante la mínima señal de maltrato físico o psicológico. 

Que no es no, que nadie puede tocarte sin tu consentimiento. 

Que una falta de respeto no se acepta por muy disfrazada que venga.

Que hay cosas que no se olvidan ni se perdonan, pero para que no nos hagan un daño irreparable es necesario contarlas, curarlas y superarlas.

Tenemos que normalizar ir a los especialistas de salud mental. Llenamos consultas por motivos que muchas veces con reposo y remedios que tenemos al alcance se pueden curar, sin embargo, nos callamos aquello que solo un psicólogo o un psiquiatra puede tratar.

No son normales las autolesiones ni el aislamiento; NO.

No es normal que un niño en edad escolar esté triste o solo; NO.

No es normal tener pensamientos suicidas; NO.

Dice la OMS que cerca de 700.000 personas se suicidan cada año. Que por cada suicidio consumado, hay muchos intentos de suicidio. Que es la cuarta causa de muerte entre los jóvenes de 15 a 19 años. 

Creo que es motivo más que suficiente para tomarlo en serio. 

«Cada dos horas y media se suicida una persona en España». 

«En la mayoría de los adolescentes y jóvenes, el deseo de morir surge como respuesta a una crisis vital, sin un trastorno de base».

No, hablar de suicidio no lo fomenta sino que ayuda a prevenirlo.

Nos necesitamos; pocas cosas puede conseguir una persona sola. Las penas hay que llorarlas, las alegrías, celebrarlas y los problemas solucionarlos para seguir creciendo.

44

Ya no puedo decirle nada a la persona que fui; ni a la niña ni a la adolescente. Ya no puedo volver a empezar algunos caminos, pero si soy quien soy es gracias también a mis errores. Así que, no perderé tiempo en hablarle al aire, mejor me digo cuatro cosas a la cara.
No te pierdas ni un solo viaje más ni un solo beso más ni un solo abrazo; no te des la vuelta en mitad de un sueño nunca, no te rindas. No te vuelvas a decir que no puedes, al final, siempre puedes. No pierdas más que el tiempo justo con gente que no te quiere. No te quedes ahí si no sonríes cada poco, vete. No aguantes mucho el dolor, tómate la pastilla antes. Báñate aunque el agua esté helada. Sube las cuestas que se te pongan delante, aunque tengas que parar mil veces. Que te sujeten más veces el cubata mientras bailas. Ríe fuerte. Llora. Escribe. Pinta. Ama.
Empiezo los 44 llena de amor y de agradecimiento. Y ya sabéis, no hay nada que me haga más feliz que compartir, así que, preparáos…😜😍🥳🥂

9 de agosto

Por quererme en mis días pastel y en los más grises.
Porque me ayudaste a elegir mi camino y a vivirlo conjugando el verbo amar.
Por acompañarme en las playas de arena suave pero también en las de piedra.
Por creer en mí cuando ni siquiera yo creo.
Por elegir el asiento menos cómodo siempre.
Porque, aunque soy yo quien tira de ti, cuando dejo de funcionar, te transformas.
Por tus «¿tú eso puedes controlarlo? Entonces, deja de pensar en ello».
Porque cuando te conocí eras un alma solitaria y ahora mira…
Por acompañarme en cada vuelta de mis noches en vela.
Por sacarme el agua a cubos cuando me ahogo.
Porque cada vez que te miro a los ojos, vuelvo a elegirte.
Por cuidar lo mismo que yo cuido y querer a los mismos que yo quiero.
Seis años llevábamos sin escaparnos solos…
Febrero 2020. Madrid, cena, concierto de Vanesa Martín en el Teatro Real… «Motores nuevos», dijimos. Si llegamos a saber lo intensa que se iba a poner la vida después, en vez de una noche, nos habríamos quedado más.
Cuando se pone feo el camino, lo más fácil es seguir solo, sin peso, sin más carga que tu cuerpo; pero al llegar a la cima y contemplar la belleza, te das cuenta de que el esfuerzo ha merecido la pena y de que lo bonito es mucho más bonito si lo compartes.
Cada año las campanadas del nueve de agosto nos felicitan el aniversario. Y van 18…

Bulnes

Como cada año, buscamos un lugar sin ruido ni wifi, porque es allí donde mejor conectamos; y hacemos doble nudo a nuestros lazos para empezar bien agarrados de nuevo el camino.

Vendrán etapas fáciles y otras no tanto, ratos donde se nos pasará por la cabeza si hemos tomado la decisión correcta o no, si debemos seguir o darnos la vuelta, como en la ruta de hoy.

Pero escuchad, si algo os ha empujado a empezar, seguid. Parad las veces que haga falta, os secáis el sudor o las lágrimas y seguís; siempre adelante. 

Y si lo que se os presenta al lado os da vértigo, no miréis al precipicio, aprovechad y mirad hacia dentro, ahí encontraréis la fuerza y el coraje que buscáis. 

Con esfuerzo, trabajo y valentía, sois capaces de casi todo, que no se os olvide.

Cuando creáis que es imposible, preparáos, lo más seguro es que empecéis a ver el paisaje más bonito. Y cuando no podáis más, recordad todo lo que ya habéis logrado. Y seguid, sonrisa puesta y seguid.

Peñón

Me voy pensando en esos abrazos en los que me gustaría quedarme a vivir mientras le guiño el ojo por el retrovisor.

Dicen algunos que todo lo malo que hemos vivido no ha servido para nada, que no hemos aprendido nada, que no nos ha hecho mejores. 

Pues a mí sí me ha cambiado. He aprendido a valorar cada detalle tridimensionalmente, con los cincos sentidos, en cuerpo y alma. A agradecer cada minuto de cada cosa buena que me pasa y a saber que lo malo, por muy malo que sea también se pasa. 

Mucha gente sonríe más y abraza mejor y cada reencuentro me ha sabido a gloria.

Estos días de julio han sido los mejores días de julio de mi vida. El agua más cristalina que nunca; el mar más calmado que nunca; la playa más limpia, el cielo más azul, la brisa más suave y la arena más cariñosa que nunca. 

Cuando me pongo en la orilla, mirando al horizonte, siento que me abrazan, él por la izquierda, y mi segundo paisaje favorito por la derecha.

En cada baño he ido dejando el miedo, la incertidumbre, la tristeza, la rabia, la impotencia y la ansiedad acumulada. He disfrutado como nunca de ver a los niños jugar en la orilla.

En cada viaje que hacemos, me gusta quedarme con un lugar al que volver y con una persona a la que visitar. Hace trece años me enamoré del que tengo claro que es mi lugar preferido del mundo, y he vuelto, vaya si he vuelto… Cada julio. Y no tengo una persona, sino muchas. 

Porque es aquí donde me lleno de todo lo bueno y cuando empiezo a estar en la reserva, vuelvo. 

Porque lo miro y me calmo; lo respiro y lo escucho y todo empieza de cero. 

Lo que me pedía el cuerpo este año era darle un abrazo, y se lo he dado. ¡Cuánto lo he echado de menos! ¡Cuántas veces he cerrado los ojos y lo he pensado! 

¡Cuántos momentos, desde tan lejos, me ha ayudado a seguir!

Sé que me pierdo cosas por venir siempre al mismo sitio, pero tengo claro que salgo ganando. 

Hay cosas en las que a cierta edad ya no se creen, pero que «mi peñón» hace magia lo creeré siempre. 

Ya queda menos para volver… Ya queda menos para volvernos a abrazar.

Vuelta

Empecé a hacerlo bien durante un tiempo; a cuidarme, a pensar más en mí, a regalarme ratos, a mimarme, a darme algún capricho.
Volví a mirarme en los espejos, esos a los que durante mucho tiempo solo miré mientras hacía coletas y trenzas a mis hijas.
Empecé a prepararme lo que me apetecía de cena y no lo que me permitía el cansancio o lo que se dejaban ellos.
Saboree cada minuto en silencio.
Respiré varias veces profundo.
Arañaba el día para encontrar un momento para mí, solo para mí; bueno, para mí y mi esterilla, porque creo que los mejores seis meses de mi vida fueron los que conseguí ir a yoga.
Eché a empujones el estrés e hice un gran esfuerzo para dejar de pensar solo en los demás. Y conseguí mucho, pero al final, o te agarras con uñas y dientes, o te vuelve a llevar el aire, la corriente o todo junto.
Llevo semanas sobreviviendo otra vez, en vez de viviendo. Menos mal que cuando ya has estado en un sitio que no te gustó, procuras no volver y reaccionas.
Me vuelvo a sentir aspersor, que de tanto regar alrededor, ese trocito que soy yo, se queda seco.
Llevo muchos días probando ropa a una, a otra, a uno, a otro. Qué guapo, qué guapa, qué grande, qué bien. Monos, vestidos, camisa, chino, pendientes, pulsera, pelo así, pelo asá, zapato pequeño, zapato grande, tiritas invisibles, plantillas, medias plantillas, zapato que sirva para vestir pero que no sea de vestir, regalitos, ropa de vestir que no sea de mujer, pero tampoco de niña, «me duele», «tengo», «mira lo que me ha salido», «me pica», «¿tengo corbata?», «¿tengo traje?», exámenes, más exámenes, «no puedo más», «sí que puedes», fotos, «elige», trabajo, comida, «¿qué hay de cena?», «come fruta, que no comes nada», «tienes mala cara»… ¡YA ESTÁ BIEN!
Pues ahora me voy a probar ropa yo, me váis a hacer fotos vosotros, me voy a reír un rato, voy a hacer el payaso, que en eso tenía tres carreras y se me está olvidando, voy a cantar aunque desafine, voy a bailar y vosotros me vais a mirar.
-¡Sujétame el cubata!
-¿Qué dices, mami?
-Tú sujétalo.

Aprendiendo

Llega un momento en el que ya no hacen todas las cosas como tú quieres. Tú aconsejas, les dices lo que a ti te ha ido bien, pero después, tienes que dejarles libres, que ellos se organicen, que vean lo que deben hacer para conseguir lo que quieren y aprendan las consecuencias de lo que hacen o dejan de hacer.
Que se equivoquen, porque hay cosas que se estudian, pero otras muchas solo se aprenden metiendo la pata. Porque si te equivocas, aprendes, nada más. Hasta una mala nota o un suspenso es necesario para activar el piloto de la responsabilidad.
No hay que apretarles demasiado, porque si no, pierden fuerza y mucho tiempo peleando. Hay que ser claros y firmes, pero también comprensivos y cariñosos. Nos toca ser espectadores de sus primeros vuelos, aplaudir cada acierto y acompañar y apoyar cada caída.
Es bonito, de verdad.

Madre

Si me preguntaran qué soy, cómo soy, a qué me dedico, cómo es mi vida, mi mundo… Y solo pudiera utilizar una palabra, no lo dudaría, MADRE.
¿Un amor? El de una madre a un hijo y el de un hijo a una madre.
Lo más inmenso, eso, ese amor.
Lo más puro, lo mismo.
¿Mi lugar favorito? El abrazo de mi madre.
Una mirada, la suya.
Mi palabra preferida, MAMÁ.
¿Una foto? Dos, déjame dos…

Momentos

Hoy no ha sido mi día. Anoche me acosté con migraña, dormí regular y me desperté igual, me explotaba la cabeza. No tenía ganas de sol, me he quedado a oscuras. Pero desde allí, he buscado algo bonito y lo he encontrado.
Me declaro coleccionista de momentos, de imágenes que quiero grabar en la memoria, de olores, sensaciones y hasta silencios.
¿Recordáis algo material de vuestra infancia? Sin embargo, somos capaces de recordar caricias, abrazos y cada rato que nuestros padres nos dedicaban jugando, contándonos algo o escuchándonos.
Si existiera un manual para padres con indicaciones claras, una sería esta: «Llenar sus almas de amor y momentos inolvidables».