Aires

-Paula, te has echado un pedillo?.

-No.

(Cinco segundos después).

-Mamá, el aire se puede coger?.

-No.

-Pues eso… Yo no me he echado nada. Se ha salido, porque es aire y el aire no se puede sujetar, se sale.

—————

Paseando las dos solas por una calle desierta…

-Paula, ¿has sido tú?.

-Ya estamos… Tengo que ser yo, no hay nadie más en la calle (señalando a dos personas que salían de un portal en la calle de enfrente) o en las casas (mirando las ventanas de arriba). Tengo que ser yo!.

—————

Tranquilamente viendo una peli los cinco. Ráfaga envolvente inconfundible.

-Paula, ¿has sido tú?.

-Sí.

-Corre, ve a hacer caca.

-Claaaaaaro, aquí se tira todo el mundo pedos y yo no digo nada, me echo yo uno y me mandáis a hacer caca!. El caso es mandar!.

————–
-¡Paulaaa! Jolín…

-¿Qué? Me lo he echado en el baño…

-Pues te lo has traído.

-Ya… Le he dicho que se quede, pero no me ha hecho caso…


Necesidad

Estamos necesitados de verdad, sin trampa ni cartón.

Necesitados de alma y corazón abiertos de par en par, ventilándose como Dios manda.

De sinceridad, de confesiones. De no dejar nada dentro. He dado tanto, he soltado tanto, que a veces creo que hasta peso menos y respiro mejor.

No os quedéis nada dentro, si hay algo malo o triste, soltadlo también, es necesario para podernos llenar después de cosas buenas. Como cuando tiramos la poquita agua que queda en el vaso antes de llenarlo de agua limpia y fresca.

Estamos necesitados de labios que dejan escapar lo que los ojos no pueden decir, aunque les gustaría gritarlo a los cuatro vientos.

Necesitados de abrazos, de apretones de mano desinteresados, de escuchar más te quieros.

Cansados de tanta maldad, necesitamos tranquilidad, dulzura, cosas bonitas.

Pues seguiremos, al fin y al cabo, la vida no es más que una balanza. Lo malo muchas veces nos viene de fuera, no podemos controlarlo, envidia, injusticia, mentira, falsedad… pero lo bueno, lo bueno está siempre en nuestra mano.

Ommm

Voy a contaros mi experiencia con el yoga.

Después de doce años amenazando con ir, conseguí dar el paso. Tengo que decir que me estoy enganchando, gracias a la profesora y a mis compañeras. Dos horas a la semana y noto mejor la espalda, la cabeza y el alma.

-Día 1: lo dediqué exclusivamente al control de esfínteres. Pasé miedo del bueno. No conseguí relajarme ni un segundo. Si juntara todos los accesorios que me sacó Montse para intentar animarme, no me cabrían en el maletero. Había momentos que me reía buscando la cámara oculta. Pensaba, “no dirá de verdad que me coja los pies?!” Cuando creía que se me iba a partir la espalda y a salir los hombros de estirar, me faltaba una cuarta para llegar al suelo. Me puso un ladrillo tumbado, nada, me lo puso de pie, tampoco. (Todo esto yo concentrada en lo mío, en que no se escapara nada).

“No dirá en serio que levante este cuerpo serrano al cielo quedando apoyada en los hombros?!”

Yo hice un amago de querer subir una pierna, pero cómo me vería, que acudió enseguida para tirar de ellas. Una vez arriba, reconozco que se estaba genial, por primera vez en años no tenía ese peso abajo de mi congestión pélvica y esos fueron los únicos minutos de la clase que tenía claro que todo se iba a quedar en su sitio. Pero intentaba visualizar el momento retorno y no lo veía. Pensé, “cuando esto caiga, me mato o me pongo de pie como un sargento”. (Finalmente, estuve más cerca de lo primero por el golpazo que pegué al bajar. No me puse de pie).

Cuando toda la clase estaba en silencio, a mí me crujía algo, la rodilla normalmente.

Primer aprendizaje: Nunca, nunca, comas legumbres antes de una clase de yoga.

Segundo aprendizaje: Definitivamente, soy corta. Vengo mal hecha de fábrica. No soy baja, soy corta, falta material.

-Día 2: éste lo dediqué a aprender a respirar. Resulta que el primer día no me enteré de que en yoga se respira todo el rato por la nariz, así que, imaginad el cuadro. Corta, atrofiada y con la boca abierta como un pez.

Esta tarde me sacó el resto de accesorios. Un cojín más gordo para las lumbares, una manta para la cabeza, el ladrillo de pie, una cinta, una esponjita para los empeines, en fín, más que los Pinypon.

Tercer aprendizaje: Boca cerrada.

Cuarto aprendizaje: Soy crujiente.

-Día 3: empiezo a disfrutar. No pasa nada si no llego, si soy corta y crujo. Hasta donde pueda. Qué bien me lo paso. Esa hora se me olvida de donde vengo y a donde voy, si tengo cena o no, si se saben el examen de mañana o no. Mis hormonas me han jugado una mala pasada pero no se esperaban que les iba a plantar cara. Es hora de empezar a cuidar de mí.

Presentación

¡GRACIAS! Si os digo que estoy cumpliendo un sueño, os engaño, jamás había soñado esto, ni siquiera se me había pasado por la cabeza hacerlo, porque tampoco sabía que un día iba a ser capaz de levantar la tapa y dejar que saliera todo.
¡GRACIAS! He dado mucho, mi alma y mi corazón están en cada página, pues os puedo asegurar que solo ayer, sin empezar a vender libros, me habéis devuelto mucho más.
¡GRACIAS! Desde que os di la noticia, tengo la sensación de que no me habéis soltado de un abrazo, como si me llevárais en brazos. Se va un escalofrío y viene otro, me sujeto una emoción y se me escapa otra.
¡GRACIAS! Por alegraros, por compartir, por acompañarme en esto, por hacerme sentir tanto.
Por tantas llamadas, tantos WhatsApp, tantos mensajes.
Esta mañana a las 8.30 recibí esta foto de una amiga, con todo esto me sobra. No pido más. Que vendo los 200 libros, genial, que no, da igual.

PRESENTACIÓN: VIERNES 15 DE NOVIEMBRE A LAS 19.30 EN EL SALÓN DE ACTOS DEL MUSEO LÓPEZ-VILLASEÑOR.

Os espero a todos. Me haría feliz que viniérais.
Por favor, compartid por aquí, por WhatsApp..
Por cierto, los libros llevan en la portada un beso de Paula, no los 200, pero por lo menos 40, sí.

Una vida para cinco

No sé ni por dónde empezar. Estoy ilusionada. Los días grises y nublados siempre esconden algo bueno. Acaban de llegar, antes de lo esperado, como un regalo del cielo. Este año se han adelantado los Reyes.

Me he quedado con las ganas de poder decir alguna vez en mi vida “estoy embarazada”. No pudo ser, nunca pude sorprender a mi familia, porque para el positivo, tuvimos que pasar por muchos negativos y todos lo esperaban…

Así que, hoy siento esa emoción que siempre pensé que se sentiría.

Os presento a mi criatura en papel. Es un trozo de mí, estoy en él, en cada página, en cada renglón.

Salió directo de mi corazón al papel y espero que así os llegue, directo al vuestro.

Abrí mi alma, de par en par. En un primer momento, para mis hijos y mi familia, después, me animé a compartirlo en el blog y por aquí con mis amigos y las personas que os habéis ido sumando a esta vida para cinco.

Solo puedo daros las gracias. Nunca os he engañado, no soy escritora, solo comparto mis sentimientos, mis pensamientos, nada más. Pocas cosas hay que me llenen más que compartir.

Espero que os guste.

Mirada

Sube la mirada, hija, confía en ti. Yo sé lo que hay detrás de esos ojos tímidos: fuerza, coraje, inocencia, humildad, trabajo, constancia, bondad.

Pisa fuerte, cree en ti y vuela alto. Si no miras hacia arriba, no podrás ver el camino hacia tu sueño, ni el cielo.

Levanta la mirada, no tengas miedo.

Aquella primera vez que nos miramos a los ojos a través del cristal de la incubadora, nos hicimos una promesa, ¿te acuerdas? prometiste ser fuerte y yo intentar ser la mejor madre para tí.

Me gustaría haberte traído a un lugar mejor, pero esto es lo que hay y no vale rendirse. No mires por encima del hombro a nadie pero tampoco dejes que nadie te lo haga a tí. Precisamente, las únicas personas que deberían ir presumiendo en esta vida, son las buenas personas y no conozco a nadie como tú.

Levanta la mirada, cariño, sonríele al mundo, y a por él.

Bruxismo

Dicen que soy una “gran apretadora”.

Quien esté libre de pecado que tire la primera piedra.

¿De verdad hay alguien que no apriete los dientes y los puños varias veces al día?

En casa se enciende poco la televisión, pero recuerdo que hubo un tiempo en que podía ver algún telediario. Ahora ya no. Hieren mi sensibilidad más que esas películas de las que siempre he huído.

Estoy cansada de tener que mirar para otro lado para poder respirar. Mirar más a mi ombligo y menos a mi alrededor para no morir de pena o de asco.

¿De verdad que no se puede parar esto? No entiendo de política, no me gusta, solo veo en ella una lucha de intereses. Pero, por favor, ¿dónde queda el respeto, los derechos humanos incluso? ¿Dónde queda la bondad? ¿Qué estamos haciendo con el mundo?

No me gustan los toros, me pongo enferma. No me gusta la caza, sin embargo, tengo amigos taurinos, amigos cazadores, a los que, por cierto, supongo que no les gustará algo de mí. Tengo amigos creyentes y otros ateos, amigos del Madrid y amigos del Barcelona. Pero igual que unos somos altos y otros bajos, unos rubios y otros morenos.

¿Tan difícil es respetar, mirar para otro lado si no te gusta lo que hace el de enfrente? Cada uno su camino, si en algún momento se coincide, genial, si no, también.

¡Qué ejemplo, qué vergüenza, qué pena, qué feo todo!

Voy a cerrar los ojos recordando dos frases que me gustan:

“No hay camino para la paz, la paz es el camino” Gandhi

“No veo la miseria que hay, sino la belleza que aún queda” Ana Frank