Tómbola

El sábado, mientras repasaba con Paula el examen de matemáticas del martes, pasó Antonio a llevarme la medicación que tomo antes de las comidas. Paula, que está deseando que pase cualquier cosa para hacer una pausa, suspiró, se puso las dos manos en la cara y me dijo:

-¡Qué suerte tuviste, mami, te tocó uno bueno!

-Bueno hija, no me tocó en una tómbola, lo elegí yo. Nos elegimos el uno al otro.

-Ya, pero mira, algunos sábados te hace la comida.

-No, cariño. Él no “me hace” la comida. Él hace la comida.

-Te ayuda mucho…

-Mira, ayudar es lo que yo estoy haciendo contigo. Es tu trabajo, lo tienes que hacer tú y es para ti, y yo, te ayudo.

-La comida es para todos. Papá la hace algunos sábados. Somos un equipo. Unos días compro yo, otros compra él; unos días recoge la cocina él, otros yo. No me ayuda porque todo esto no es mi trabajo ni es solo para mí. Hacemos las cosas entre los dos.

-¿Y a Nana, qué? La saca siempre él, pobrecillo…

-¿Tú has visto a papá alguna vez desde que naciste, planchando, por ejemplo?

Si yo saco a Nana, me pasea ella a mí y vengo ‘tronchá’. Papá es más grande que yo, tiene más fuerza en el brazo y no le duele la espalda. Él hace unas cosas y yo otras.

-Entonces, ¿vosotros tenéis un equipo y yo no, o qué?

-¿Seguimos con las fracciones?

-Lo que me temía…

Acompañante

Te dejas caer en ese frío sillón de cuero y al bajar notas como, antes que tu peso, llegan los kilos de pena, de rabia, de impotencia, de desesperación… Menos mal que cuando te sientas, si subes las piernas, te haces bola y cierras un segundo los ojos, parece que te da ese abrazo que tanto necesitas.

Las paredes blancas, sin ninguna decoración, sin nada más que lo imprescindible y una televisión.

Ser paciente te hace ser mejor enfermera, médico… pero ser acompañante, también. Desde ese lado se aprende igual a valorar la importancia de cualquier gesto, por pequeño que sea… Sonrisa, mirada, palabra cariñosa… Cuesta tan poco y es tan fácil… Tenemos en nuestras manos hacer un poco más agradable el momento, un poco más llevadera la situación. Y teniendo ese poder, no podemos desaprovecharlo.

Esos días que amaneces con un nudo en el pecho que te ahoga, si das con gente buena puedes notar como el nudo se va aflojando poco a poco hasta que te deja respirar.

Prometo ser mejor persona cada día en mi trabajo, prometo hacer todo lo que pueda por ayudar, aunque para ello tenga que saltarme algunas normas, porque un “no se puede” se cambia en un segundo por “voy a intentarlo”, porque un “no tengo ni idea” se cambia rápido por un “voy a informarme”. Entre todos podemos hacer de este mundo, que a veces es feo, gris y frío, algo mejor.

Flechazo

Cada vez te quiero mejor.

Recuerdo cuando me enfadaba porque no me decías “te quiero”; siempre era yo.

Recuerdo cuando gruñía porque no me cogías de la mano; siempre era yo.

Ahora ya no necesito nada. Entendí que no hace falta escuchar algunas palabras para oírlas. A veces, el aire no hace ruido y sin embargo, despeina. Otras veces, no despeina pero se nota en la cara.

Entendí que hay cosas que no se ven ni se tocan, pero están. El amor es una de ellas.

Y yo que creí que fue un flechazo aquello que nos hacía ponernos nerviosos cuando nos conocimos… Flechazo es lo que siento cada vez que me cuidas, cuando me pones tu mano en la espalda en mitad de la noche, justo donde duele. Flechazo es lo que siento cada vez que me traes mi té verde con limón a la cama. Flechazo es lo que siento cada vez que te veo sonreír orgulloso a alguno de los niños. Flechazo cuando te emocionas. Flechazo cada vez que saltamos un obstáculo juntos, cada cuesta arriba, cada tormenta… Flechazo cada vez que me haces reír, cada vez que me recolocas con un abrazo. Flechazo es dormirnos cogidos de la mano, despidiendo juntos cada día, esperando juntos el siguiente.

Princesa

¿Cómo puede ser que haya niñas que quieran ser princesas, mamá? Menudo agobio de faldas para hacer pis, para correr… Yo quiero ser la mejor pediatra del mundo por las mañanas y la mejor bailarina por las tardes.

¿Es que por ser niña solo puedo querer ser princesa o qué? ¿Y si quiero ser bombero, científica o jefe, qué pasa?

-Tú puedes ser lo que quieras ser. La única condición que te pongo es que seas feliz y hagas tu trabajo lo mejor que puedas cada día.

-Pero ¿se puede?

-¡Claro que se puede! ¡Se puede todo! Todo lo que te pongas como meta, todo lo que conviertas en tu sueño.

-Yo creía que había trabajos solo para hombres.

-¡De eso nada, monada! Hay trabajos que pueden costarle un poco más a las mujeres, porque hasta ahora la mayoría de las veces los han hecho hombres. Algunos porque requieren ciertas cualidades físicas que son más frecuentes en ellos, otros simplemente por costumbre. Pero con esfuerzo, tiempo y trabajo, todo se consigue.

-¿De verdad? ¿Todo? ¿Y cuándo tengo que decidirlo?

-Tienes toda la vida, cariño. Cada mañana al abrir los ojos puedes pensar qué sueño quieres cumplir y levantarte con la ilusión de cumplirlo, sin dejar que nadie te corte las alas.

-¡Cómo mola! Menos mal… Solo de imaginarme encerrada en la torre de un castillo esperando que me salve un príncipe, me pongo mala. O dormida y que solo me pudiera despertar uno con un beso, ¡qué asco así sin conocerlo! Para colmo que fuera feo… Porque claro, ya que te salva el pobre, te lo tendrías que quedar…

-Pues duerme tranquila, cariño, nunca vas a tener que esperar que nadie te libere, eres libre. Tú sola. Podrás encontrar un compañero de vida, pero salvador, no.

-¡Gracias, mami! ¡Te tengo que querer!

Emocionario

-Alegría: Sensación que me recorre el cuerpo de pies a cabeza cuando, alguna vez al año, me encuentro un lavabo limpio, sin un pegote de pasta de dientes.

-Bondad: Cualidad que hace que me quede cuando me entran ganas de huir.

-Cariño: Palabra que digo unas veces de corazón y otras en sustitución de otras que empiezan por “c” pero suenan peor (la segunda letrita es “o”, para los más curiosos).

-Desesperación: Aquello que experimentas cuando cuatro ponen y solo tú recoges.

-Empatía: Capacidad de ponerme en el lugar de los demás para no dar tortas como panes cada vez que una hormona me da una mala contestación.

-Felicidad: Lo que siento cuando se hace el silencio en la casa y me dejo caer en el sofá.

-Gratitud: Lo primero que siento cada día al abrir los ojos y lo último antes de cerrarlos cada noche.

-Humildad: Reconocemos nuestras limitaciones, no somos perfectos, yo la primera. Me equivoco cada día.

-Ilusión: Lo que siento al oirles reír.

-Justicia: Lo que se haría si un fin de semana al mes, me mandaran a un spa.

-Lástima: Lo que siento durante unos segundos al quitarme el albornoz frente al espejo después de la ducha.

-Miedo: Eso que te paraliza cuando piensas que les pueda pasar algo a los más quieres.

-Nostalgia: Lo que siento al recordar que hubo un tiempo en el que mi único problema era estudiar.

-Obligación: Por lo que preparo cena la mayoría de las noches.

-Pasión: Lo que hay que echar a cualquier cosa que hagas.

-Quietud: Lo que hago con mi cuerpo cuando por fin caigo en la cama y quiero que me den por muerta.

-Resignación: Dícese de aquello que siento cada vez que veo un rollo de papel higiénico terminado, no me libro ni de uno.

-Sensibilidad: Otra cosa no, pero esto sobra en casa.

-Ternura: Lo que siento cuando veo que se cuidan entre ellos.

-Unión: Prepara un bol de palomitas, ponlo en el sofá. Observa. ¿Ves a toda tu familia ocupando una sola plaza? Eso es.

-Valentía: Virtud que me dió la vida para vivir Una vida para cinco.

-Wii: Aparato al que empiezas a querer cuando entra la Play en tu casa.

-Xilófono: Si sumo las horas que se lo he tocado a los tres intentando tocar “Cumpleaños Feliz”, me convalidan algún curso de conservatorio seguro.

-Yo-yó: Juego preferido de mis hormonas.

-Zapatos: Lo que siembran mis hijos cada día en el pasillo, la escalera, el salón…

Abandono

¿Por qué si físicamente lo hacemos más o menos bien, psicológicamente nos abandonamos?

Cuando vemos una caja o un mueble que tanteamos y no podemos ni moverlo, no se nos ocurre levantarlo.

Cuando nadamos, hacemos unos largos, nos paramos, nos recuperamos, nos estiramos un poco, y luego seguimos.

¿A alguien se le ocurre hacer un trayecto de varios kilómetros andando cargado de bolsas de compra? Para eso están los coches, ¿verdad? O el servicio a domicilio. 

Puedo coger en brazos a mi sobrina de meses pero no se me ocurre coger en brazos a mi hijo y sus más de sesenta kilos.

Si quiero bajar desde mi habitación a la calle, no me lanzo desde la ventana, bajo por las escaleras y salgo por la puerta.

Entonces, ¿por qué cargamos nuestra mente, nuestra alma, con tantas cosas sabiendo que no podemos con ellas? ¿Por qué nos echamos a la espalda cargas que ni siquiera nos pertenecen?

¿Por qué cuando notamos que no podemos más, nos seguimos exigiendo en vez de parar?

¿Por qué no buscamos ayuda? 

¿Por qué nos lanzamos al vacío y tiramos con todo lo que nos echen para parecer fuertes y valientes?

Aquí se nos olvida la lógica, nos dejamos de cuidar, de querer incluso y seguimos, sin pararnos, sin estirarnos, sin pensar, sin respirar, sin buscar ayuda.

Estamos a tiempo, seguimos en el camino. Vamos a intentar hacerlo un poco mejor desde hoy.

Prudencia

Estas conversaciones conduciendo por la ronda, con los dientes encajados porque tienes 8 minutos para cruzar la ciudad, aparcar y que se vista de bailarina la primera, deberían convalidar algo o, por lo menos, garantizarte buena fila en el cielo, porque ganado lo tenemos.

-María: Mamá, ¿qué es exactamente la prudencia? Ayer una profesora me dijo “qué prudente eres” y le sonreí, pero no tenía totalmente claro si era bueno…

-Madre: La prudencia es ir frenando cuando llegas a un cruce aún sabiendo que es el otro quien tiene el Stop y tú la preferencia.

-María: ¿Ir con cuidado?

-Madre: Un poco sí. Pero en todos los aspectos de la vida, no solo conduciendo. Creo que es una cualidad tan importante como el respeto para que funcionen las relaciones personales. Si fuéramos sin cuidado, si hablásemos sin prudencia, iríamos causando destrozos. Dando nuestra opinión sin tener en cuenta que cada persona tiene su realidad, su punto de vista. Es callarse cuando no se está seguro de algo, sobre todo si lo que vas a decir puede hacer daño a alguien. Es tener claro que tus actos siempre tienen consecuencias. Es escuchar, observar. Es no contestar en clase si no te preguntan, aunque te lo sepas. Ser sensata.

-Paula: ¿Me podéis decir un antónimo de prudente?

-Madre: Imprudente, lo que viene siendo “más abundante que un guarro con tirantes”.

-Paula: Ahhhh, ¡haber empezado por ahí! Hija, que te enrollas como las persianas…